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Por una conspiración educativa

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En el mundo educativo hace falta una "conspiración". Entiéndase este término en su acepción positiva de convocar o unirse diferentes personas para conseguir algo. Los resultados académicos de los alumnos, los currículos obsoletos, las nuevas necesidades del mundo global y la implementacion de las nuevas tecnologías en todos los estratos y estamentos sociales, aconsejan abrir un período de reflexión seria y rigurosa sobre los procesos educativos y sus consecuencias.

Necesitamos nuevos modelos de inteligencia para la educación y desde la educación, desarrollando de forma plena una ciencia de la evolución cultural que ayude a conseguir potenciar la inteligencia compartida y potencie la libertad. Todo ello siempre desde un marco ético de carácter educativo. 

La propuesta que nos llega de José Antonio Marina en su libro "Despertad al Diplodocus" es una propuesta de cambio real, que emane de una escuela viva, abierta, expandida e integradora. Una escuela que lidere un proyecto de cambio en el que deben intervenir agentes como padres, profesores, empresas, ciudades y gobiernos. Se trata de una propuesta de cambio que apueste por el aprendizaje a lo largo de la vida, la búsqueda del aumento del capital social y la creación de una sociedad del conocimiento.

La escuela debe ser el principal motor de cambio social apoyada por la familia, la propia ciudad, las empresas y el estado. En este sentido, las familias deben establecer vínculos de comunicación con la escuela y deben participar de forma activa en la educación de los niños. La ciudad debe ayudar a proporcionar una felicidad objetiva a sus habitantes, que sólo se consigue con la creación de un entorno educativo global apropiado para que los niños se crien en un ambiente adecuado. Por otra parte, la empresa debe aportar los conocimientos sobre pedagogía de organizaciones y la escuela debe aprender de estos formatos oganizativos. Por último, el estado y los gobiernos deben aprender a través de sus políticos a integrar la educación en todos los marcos institucionales, considerando el aprendizaje como un elemento articulador de todos los procesos.

En este contexto de cambio inminente, no podemos olvidar el papel que pueden ocupar las tecnologías de la información y de la comunicación ejerciendo como herramientas que permiten el intercambio de opiniones, la creación de redes de conocimiento, la integración de nuevas formas de aprender, etc.

Todo este proceso conspiratorio basado en el diálogo de todos los actores sociales no debe olvidar que el objetivo final es la consecución de personas más felices, que puedan aprender a lo largo de la vida, que sean capaces de adquirir una vida digna para ellos y los suyos, además de una vivienda y trabajo dignos. No podemos caer en una visión economicista en la que lo único que interese sea producir a costa de cualquier cosa, debemos buscar al individuo humanista que disponga de tiempo para disfrutar de sus familiares y amigos, que pueda acceder a un conocimiento global sin discriminaciones de ningún tipo. En definitiva, la escuela y los demás agentes deben ser los motores de la felicidad de nuestros hijos y de nosotros mismos. 

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